Desíntoxicate del estado del bienestar

divendres, 14 octubre 2011

Escrit per

Jorge Valín, membre de l'Instituto Juan de Mariana

La principal función de los políticos en los últimos 100 años ha sido desarrollar el Estado del Bienestar y la Guerra Internacional e infinita. Cada proyecto político, era un avance para los ciudadanos en su propio país y más allá de sus fronteras. Nos han impuesto su intervencionismo económico, la dependencia del hombre libre hacia burócrata, las guerras e intervenciones a lo largo del planeta para aumentar la Gloria de Occidente y sus relucientes valores de bienestar, democracia e igualitarismo.

No fue un proceso fácil. España fue uno de los últimos países de Europa en prohibir el trabajo los domingos con la ley de 1904 que el Congreso aprobó bajo el nombre de “Ley del descanso dominical”. No fue muy bien acogida en ese momento. Hubo altercados, y no por parte de los empresarios, sino de los obreros y pequeños empresarios que vieron que no ingresarían los festivos. Francisco Silvela, político y empresario afirmó que tal ley era una “inadmisible intromisión a la libertad de mercado”. Sin embargo, con el tiempo, y a pesar de algunos problemas indirectos (como el aumento de la embriaguez, hasta el punto que el partido socialista quiso prohibir las tabernas y bares “por el bien común”), la ley fue bien acogida. La gente se adapta a todo. Obreros y empresarios tuvieron que amoldarse a un día más de ocio y menos de rentas.

La intromisión del Gobierno que anunció Silvela en el mundo del trabajo, se iría expandiendo con el tiempo a todos los ámbitos de la vida del hombre. Justicia, educación, sanidad, más subvenciones, más proteccionismo para los empresarios, favoritismos para volver al ciudadano cada vez más dependiente del Estado, menos reaccionario y más dócil. A este proceso lo llamaron progresismo y Estado del Bienestar, que creció exponencialmente con la dictadura de Franco. El Estado simplemente pretendía cubrir todas las necesidades del hombre —mediante el robo de los impuestos— para que la oligarquía política tuviese más dinero y Poder sobre la sociedad.

Tales “logros sociales” nos han llevado a la situación actual: ciudadanos que son auténticos drogadictos del Estado. Ante el derrumbe del Estado del Bienestar, los ciudadanos no claman por más Libertad, sino por más esclavitud, más dependencia. No solo los ciudadanos de la calle quieren vivir a costa de los demás, sino empresas ecológicas, lobbies sociales, el mundo del espectáculo, bancos. El Estado del Bienestar es una enorme reserva de drogadictos sin voluntad ni libertad.

Los horrores que se esconden detrás del Estado del Bienestar, robo a gran escala, corrupción, aborregamiento ciudadano y dependencia, han acabado siendo su tumba. El Estado no puede pagar su deuda, apenas las pensiones, menos la salud, y en breve no podrá asegurar el actual nivel de educación ni seguridad. Somos espectadores privilegiados de este fabuloso espectáculo. Y aunque es duro, y lo será más, hemos de adaptarnos al cambio como siempre ha sabido hacer el hombre.

Estamos viviendo la contrarrevolución del estatismo. Los políticos no tienen más remedio que pasar parte de sus funciones a la economía privada porque la estatal está muerta, como ya ha dicho el Conceller d’Economia de Catalunya. A principios del S XXI, estamos deshaciendo aquellos errores que cometieron los políticos de nuestros abuelos y bisabuelos.

El autor Antonio Mascaró ya describió el significado de esta contrarrevolución en el Instituto Juan de Mariana, a la que llamó Teoría del Desprendimiento (State Decay Theory), que se basa en la siguiente proposición: la gente siempre apostará por servicios privados en detrimento de los públicos por su mejor calidad y diversidad. La crisis ha sido el catalizador para que tal proceso tome todo su significado. En el tema de la sanidad, por ejemplo, siempre ha sido así en Catalunya. El Conceller de Salut, Boi Ruiz, dijo recientemente que “sort en tenim nosaltres que el 26% dels catalans tinguin una assegurança mèdica privada” (suerte tenemos que el 26% de los catalanes tienen un seguro médico privado). Porque si no, la administración ya habría quebrado oficialmente.

Tal y como nos decía Mascaró, ahora toca economía privada para los servicios básicos del hombre, no porque sean mejores, que lo son, sino porque son la única opción. Deintoxiquémonos del Estado ahora. Por fuerza tendremos que ser menos dependientes de los burócratas. Los servicios públicos serán cada vez más rígidos y restrictivos (aumento de la edad de jubilación, menores prestaciones, más listas de espera…). No es un proceso que se haya acabado.

Apueste por su futuro y el de sus hijos: ¿quiere asegurarse su vejez? Haga planes de pensiones privados de renta fija, de renta variable, arriesgados, conservadores… Ábrase un fondo de inversión y haga aportaciones periódicas. Aprenda a ahorrar e inculque la cultura del ahorro y esfuerzo a sus hijos. El Estado ya no vela por su futuro. Aprenda a invertir en los mercados. Apúntese a una mutua, asegure su vida, su trabajo, su salud. Empiece a hacer “hucha” para la universidad de su hijo. Viva responsablemente y no como un yonqui inconsciente del camello Estado. Su futuro, el de su familia, hijos y allegados empieza ahora. Y solo lo podrá asegurar con productos y servicios privados de la economía privada. Si no lo hace ya, no va tener futuro.

5 Comentaris

  • Buena diagnosis de la realidad social

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  • Bona feina comptar amb Jorge Valín. Senyal de que el portal va creixent.

    Endavant i ànims!

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  • Magnífica descripción de la realidad y excelentes recomendaciones; no se puede ni se debe seguir confiando en el Estado para asegurar nuestro bienestar, salud, vejez o educación de nuestros hijos.

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  • Pel que fa a la llei del “descanso dominical” ara les queixes van en direcció contrària a fa un segle. El petit comerç familiar perd terreny quan les grans corporacions de la competència obrin en festiu i no poden competir en condicions d’igualtat. La feina del liberalisme és doble: no només reconstruir l’estat de la llibertat sinó previament desfer els monopolis que s’han creat amb les trampes de l’administració. En cas contrari no tindríem igualtat d’oportunitats. I jo pregunte, que cal fer per a eliminar els monopolis? Hi ha prou a eliminar els subsidis del govern a les grans empreses i prohibir l’expansió creditícia?

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